viernes, 4 de noviembre de 2016

Mister D.D.

Me lo encontré sin buscarlo en un edificio de la universidad, uno de esos que nunca había visitado. Cursaba mi primer año de psicología, era nueva en la universidad y quería absorber todo lo que me ofrecían allí: asistir a todas las clases posibles, a cuanto seminario convocaran, a cuanta actividad extracurricular surgiera; y así fue como él llegó a mi.
Era una pequeña actividad grupal a la que llegué por accidente. Me perdí dentro de la gigantesca universidad y llegué a ese edificio lleno de botánicos en formación.
-¿Que hacen?- les pregunté.
-Discutimos sobre métodos de estudio de las plantas en ambientes tropicales... No eres de esta facultad, ¿cierto?- me contestó un chico.
-No, no soy de aquí. Estudio psicología... pero me perdí- respondí avergonzada.
Todos se burlaron de mi desatino, excepto un chico que amistosamente se acercó a mi.
-Dime a donde quieres ir, yo te guío.- dijo con una sonrisa. Recibí su ayuda sin dudarlo, solo quería salir de allí como fuera.
-Si, claro. Necesito ir al auditorio principal. Gracias.-
-No hay lío, para eso estamos; para ayudarnos. Soy Daniel Dynn, y ¿tu eres?-
-Soy Angelique Stagonov. ¿El auditorio queda muy lejos?- le dije, cortante. La verguenza se había tornado en ira, no me podía perdonar el hecho de ser un payaso para un grupo de idiotas, y temía que el tal Daniel no me ayudara, sino que se burlaría de mi aún más.
-No, está cerca. Stagonov... ¿eres rusa o algo así?-
-No, mi padre lo es. Yo soy de aquí.-
Volteé a verlo. Me iluminé, era el hombre más bello que había visto en mi vida: sus ojos eran negros y profundos, su figura era perfecta, sus labios provocadores y su voz sensual me habían obligado a verlo... y estaba siendo una completa estúpida con él.
-Lo siento, estoy siendo muy grosera contigo y no tienes la culpa.-
-No es nada... ¿tienes mucha prisa? Podemos tal vez, tomarnos un café y así vuelves a la calma.

Fue el mejor café de toda mi vida.