Me lo encontré sin buscarlo en un edificio de la universidad, uno de esos que nunca había visitado. Cursaba mi primer año de psicología, era nueva en la universidad y quería absorber todo lo que me ofrecían allí: asistir a todas las clases posibles, a cuanto seminario convocaran, a cuanta actividad extracurricular surgiera; y así fue como él llegó a mi.
Era una pequeña actividad grupal a la que llegué por accidente. Me perdí dentro de la gigantesca universidad y llegué a ese edificio lleno de botánicos en formación.
-¿Que hacen?- les pregunté.
-Discutimos sobre métodos de estudio de las plantas en ambientes tropicales... No eres de esta facultad, ¿cierto?- me contestó un chico.
-No, no soy de aquí. Estudio psicología... pero me perdí- respondí avergonzada.
Todos se burlaron de mi desatino, excepto un chico que amistosamente se acercó a mi.
-Dime a donde quieres ir, yo te guío.- dijo con una sonrisa. Recibí su ayuda sin dudarlo, solo quería salir de allí como fuera.
-Si, claro. Necesito ir al auditorio principal. Gracias.-
-No hay lío, para eso estamos; para ayudarnos. Soy Daniel Dynn, y ¿tu eres?-
-Soy Angelique Stagonov. ¿El auditorio queda muy lejos?- le dije, cortante. La verguenza se había tornado en ira, no me podía perdonar el hecho de ser un payaso para un grupo de idiotas, y temía que el tal Daniel no me ayudara, sino que se burlaría de mi aún más.
-No, está cerca. Stagonov... ¿eres rusa o algo así?-
-No, mi padre lo es. Yo soy de aquí.-
Volteé a verlo. Me iluminé, era el hombre más bello que había visto en mi vida: sus ojos eran negros y profundos, su figura era perfecta, sus labios provocadores y su voz sensual me habían obligado a verlo... y estaba siendo una completa estúpida con él.
-Lo siento, estoy siendo muy grosera contigo y no tienes la culpa.-
-No es nada... ¿tienes mucha prisa? Podemos tal vez, tomarnos un café y así vuelves a la calma.
Fue el mejor café de toda mi vida.